Voto Voluntario vs Voto Obligatorio

Estos días he leído y escuchado a muchos detractores del voto voluntario, incluso a varios políticos arrepentidos de haber cambiado el sistema. Y las razones son numerosas: desde que votar es un deber cívico hasta que la elecciones no son representativas por la poca concurrencia, pasando por el clásico “el que no vota no tiene derecho a alegar”. Pero pese a que yo pienso que votar es un derecho que mucho le costó a la generación anterior a la mía recuperar y que muchos países actualmente sueñan con tener, soy una adherente al voto voluntario.

Personalmente, he votado en cada elección que ha habido en Chile desde que cumplí los 18 años y así pretendo seguir haciéndolo (incluso el 15 de diciembre, donde iré a dibujar más que a votar). Y he votado porque creo que es la única manera de poder generar cambios, porque aunque las marchas tengan más visibilidad, al final tienen menos resultados. Porque creo en el sistema, aunque hay muchísimo que me gustaría cambiar. Porque es un honor sentir que el futuro de mi país pasa por mis manos.

Por lo anterior me cuesta entender el porqué hay personas que prefieren no votar, pero en el fondo lo comprendo. Sé que hay quienes no saben nada de política y no tienen tiempo ni ganas de aprender. Sé que hay muchos que jamás han escuchado un debate y menos aun han leído un programa de Gobierno. Sé que algunos piensan que votar es validar un sistema en el que no creen. ¿Por qué tendríamos que obligar a votar a alguien que no conoce en lo más mínimo a los candidatos? ¿O que derechamente no quiere votar? Me parece perverso que la ley obligue a estas personas a emitir un voto, que tendrá el mismo peso que el tuyo o el mío.

Y no quiero dejar de mencionar el argumento que señala que en los sectores más ricos vota más gente. Esto es un hecho, pero pensemos en por qué pasa: en este país suele ir de la mano que una persona con más poder adquisitivo tiene un mayor nivel de educación (lógico, ya que puede pagarla), por lo que está más informado, haciéndole más sentido el gastar su tiempo en ir a votar. ¿Qué hacer entonces? Mejoremos la educación para que todos se informen y vean que votar es un derecho, incluso un privilegio! La gente de menos recursos piensa que su vida no va a cambiar con un Presidente u otro, por eso no gasta el pasaje de la micro (que harto le cuesta ganarse) para ir a votar, menos aun si ve que todos los candidatos son iguales.

Entonces el problema no es la obligatoriedad de concurrir a las urnas, sino el sistema en el que vivimos que genera una desigualdad tal que segmenta incluso a las personas entre quienes votan y quienes no. No hay que volver al voto obligatorio, hay que generar igualdad de oportunidades, partiendo por la educación!

Y una última reflexión: No será que les conviene en términos económicos el voto obligatorio a nuestros queridos candidatos? Recuerden que la ley les da $687* por voto obtenido… La matemática es simple, si la gente vota, más dinero para sus bolsillos, si la gente se queda en sus casas nadie financia los horribles afiches que vemos en las calles.

* La ley 19.884, en su artículo 15, establece como mecanismo de financiamiento para los candidatos a Presidente, Senador, Diputado y Consejero Regional la devolución de tres centésimos de Unidad de Fomento (UF) por cada sufragio.

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